domingo, 14 de octubre de 2018

Estoy lista para hablar de ello

Comencé a sentir depresión a los 15 años. A esa edad, es todavía difícil entender lo que te está pasando o lo que sientes, pero lo recuerdo bien. Un día desperté y de pronto mi autoestima estaba por los suelos, me sentía fea, gorda y muy poco interesante. Mis propios pensamientos jugaban conmigo y comencé a convencerme de que no le agradaba a las personas.

Me refugiaba en los estudios y tenía un grupo reducido de amigos en el colegio con quienes lograba distraerme temporalmente, pero al estar sola, todo volvía a ser difícil. Cada vez que me miraba en el espejo, veía miles de defectos. Nunca tuve la cintura pequeña y era demasiado alta; sentía que mis brazos no tenían relación con mi torso y que mi cara era un problema.  Solía  pensar en los miles de procedimientos quirúrgicos que quería tener para mejorar lo que veía.

Recuerdo la interminable batalla con el peso. Era una niña que se preocupaba de lo que comía y lastimosamente caí en hábitos poco saludables para tratar de bajar el peso que según yo, tenía. No comprendía que una talla no define si estas gorda o no, y mi sueño era poder ponerme ropa talla S. Me resigné a la idea de que no lo lograría y terminaba comprando L o XL, aunque esta no fuera mi talla, con la esperanza de sentir que era más pequeña que mi ropa.

Durante esta época comencé a aislarme y me metí en mi mundo. Fue entonces cuando comencé a autolesionarme. En ese momento, no sabía por qué lo hacía...sólo sabía que sentía cierta liberación al sentir que el dolor de la herida era algo momentáneo que tenía una razón de ser.

Aprendí a ser mentirosa.

Sabía como esconder todo lo que hacía y mis papás a pesar de ser tan comprometidos y estar cerca de mí, tardaron un tiempo en darse cuenta. Cuando lo hicieron, como cualquier papá y mamá preocupado se sentaron a hablar de ello sin entender qué habían hecho mal para que yo actuara así. No logré comunicarles lo que me pasaba por que ni yo misma lo entendía.

Siempre fue difícil para ellos entenderme, porque la verdad es que nuestra familia siempre fue unida y bonita; no había una razón para sufrir.

Pero... es que de eso se trata la depresión. Puedes estar muy bien por fuera, pero hay días en los que en el momento en el que te levantas quieres volver a dormir con la esperanza de que el día pase más rápido. Intentas buscar maneras de sublimar el sentimiento haciendo ejercicio o buscando alguna actividad creativa para olvidarte de esos pensamientos, pero nada parece funcionar. A veces, me pasa que me siento a escribir canciones y una vez el lápiz toca el papel, ya no siento el deseo de hacerlo. Sentirte deprimido, es sentirte solo aún cuando hay personas a tu alrededor, y sentirte culpable o egoísta por no poder apreciar lo bueno que hay a tu alrededor.

Muchas personas hablan de actitud y de Dios, y yo les puedo decir que yo me aferro a ambas, y aún así el día es magro. Yo... amo a Dios y confío en él, y mi actitud... Dios, creo que mi actitud es buena porque aún en un día malo, estoy acá tratando de buscarle el lado bueno.

Creo que hay mucha desinformación al respecto, ya que la depresión es una enfermedad. Uno no decide estar triste y sentirse mal, sólo pasa...

No estaba segura si quería hablar de esto por miedo a que las personas sepan algo tan profundo y secreto de mí, pero creo que es una buena manera de expresar lo que siento y de paso hacer que alguien más se identifique conmigo. Ya llevo 8 años sin lesionarme, y los problemas con mi cuerpo son una lucha diaria, pero lo he logrado manejar. Agradezco tener personas a mi alrededor que me hacen sentir que no paso por esto sola, y que están para lo que necesite.


Hoy es un día difícil, pero escribir esto me ayudó.
Espero poder despertar un día y darme cuenta que ya no está aquí.
















No hay comentarios.:

Publicar un comentario